Un Llamado Urgente a una Fe Seria
Hunt, Dave
Dave explica el significado y contenido del Evangelio. Basado en una doctrina bien sólida y la irremplazable esperanza del creyente, este libro incentiva a una mayor confianza y compromiso para con Dios
Hunt, Dave
Dave explica el significado y contenido del Evangelio. Basado en una doctrina bien sólida y la irremplazable esperanza del creyente, este libro incentiva a una mayor confianza y compromiso para con Dios
• define el evangelio bíblico, y de qué nos salva
• clarifica el llamado al discipulado
• articula la fe por la cual debemos “contender ardientemente”
• desarrolla lo que la Biblia dice sobre la Trinidad, la encarnación y la iglesia
• confronta el desafío de vivir en los últimos días
Formato: 15 x 22cm • 256 págs.
Extracto
La Necesidad de Certezas
"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría."
Salmo 90:12
La muerte no es un tema placentero, ni tampoco nos gusta detenernos mucho en el mismo, sin embargo, es un importante punto de partida para una reflexión seria. Moisés escribió, “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12). Lo que queda claramente implícito, es que hay algo que nos aguarda después de la tumba, para lo cual deberíamos hacer planes. En el mismo sentir, el rey David escribió, “Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy” (Salmo 39:4). El vivir teniendo esto en cuenta, sería depresivo y digno de ser evitado, a menos que hubiera algo después de la muerte para lo cual prepararse. Salomón, asimismo declaró: “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón” (Eclesiastés 7:2).
La inseguridad de la vida y lo inevitable de la muerte son dos de los más básicos elementos de la existencia humana. Lógicamente por tanto, lo que esté después de la muerte se merece por lo menos un poco de atención y planificación, antes que pueda ser demasiado tarde para siempre. Además, sería lógico que, antes que llegue ese abrumador momento de la muerte, al cual todos nos enfrentaremos, estuviéramos absolutamente seguros de qué es lo que la muerte nos traerá y por qué.
¿Absolutamente seguro? Por supuesto, porque ninguna otra cosa nos satisfaría. Independientemente de la creencia o no creencia religiosa que uno tenga, la muerte coloca un sello definitivo sobre cualquier pasión, posición, posesión o ambición terrenal. La muerte tiene algo final que es como si gritara “¡Demasiado tarde! ¡Demasiado tarde!”
Debido a que la muerte podría llegar en cualquier momento, independientemente de la edad, salud, o expectativas que uno tenga, existe una gran urgencia en saber con absoluta certeza qué es lo que se encuentra más allá de su umbral. Sin importar cuán jóvenes podamos ser, o cuánta salud podamos mostrar, ese aterrador evento se nos acerca con paso firme y en forma inexorable, y a menudo se presenta como una desagradable sorpresa.
Sobre Julieta, Lady Capulet lamentó, “La muerte yace en ella como un rocío prematuro sobre la flor más dulce del valle.” En Paradise Lost, Milton expresa el horror universal de que todos nos podríamos volver “Comida para un fétido Monstruo” como la muerte. La Ilíada de Homero, escrita en el siglo ocho a.C., lamenta, “La muerte cuelga siempre sobre nuestras cabezas en mil formas diferentes, y ningún hombre puede evadirla.” Siendo ese el caso, existe una gran urgencia en conocer qué es lo que nos aguarda cuando la muerte nos libere de nuestros cuerpos materiales. Nada se podrá recobrar una vez que se pasa a través del umbral de la muerte a lo que sea que está del otro lado.
Las consecuencias de la muerte deberían ser un asunto de gran preocupación, sin embargo, esta preocupación es aplacada por las siguientes tres creencias alternativas. Algunos insisten en que no hay nada para prepararse ni para temer después de la muerte. Su mantra, en el cual quieren desesperadamente creer para poder ser aliviados de cualquier posible pensamiento de juicio, es más o menos así; “Cuando se está muerto, se está muerto; eso es todo, punto.” Otros, si bien creen en la vida después de la muerte, logran quitarse de encima cualquier preocupación al afiliarse a la teoría que en la próxima vida nuestros espíritus encuentran perfecta aceptación, independientemente de lo que hayamos hecho en esta vida. Simplemente continuamos aprendiendo más lecciones a medida que progresamos y nos elevamos. Otros, están convencidos que nuestras almas migran a nuevos cuerpos, teniendo así la oportunidad de volver a la tierra y vivir una y otra vez, con el deseo de progresar en cada nueva vida.
Consideraremos estas tres teorías populares, la primera en este capítulo y las otras dos en el siguiente. La idea que la muerte es el fin de la existencia del ser humano está fundada en el materialismo: La teoría que aparte de la materia no existe nada. Por lo tanto, no existen alma ni espíritu que sobrevivan la muerte del cuerpo; ni Dios, ni Satanás, ni los ángeles, ni los demonios, ni ninguna otra cosa que no sea física. Esta teoría atea es atrayente y a muchos les gusta creerla debido a que no implica un juicio futuro por los errores que se cometan. Sin embargo, dicha creencia puede ser fácilmente descartada basándose en la mucha evidencia que afirma lo contrario.
La realidad que cada uno es más que nuestros cuerpos físicos es evidente por el hecho que tenemos ideas y pensamientos que no son físicos, y por lo tanto no pueden ser parte del cerebro material. A la antigua aseveración, “Pienso, luego existo,” debemos agregar, “Mis pensamientos no son materiales, por lo tanto eso soy.” Siendo ese el caso, ¿dónde residen estos pensamientos?, ¿qué forma tienen?, ¿y cuál es su origen? Estas preguntas, para las cuales el materialismo no tiene respuesta, deben ser enfrentadas con seriedad y honestidad.
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